Un Llamado Ecuménico
Nuestra vida está abierta a hombres de una gran variedad de iglesias cristianas. La unidad cristiana se beneficia de una vida común construida sobre un llamado diario al servicio: cuidado de los enfermos, ayuda a los pobres, predicando el evangelio en un campus universitario, animando a un creyente cansado, todo esto puede ser hecho por cristianos de muchos antecedentes sin conflictos doctrinales. Un ecumenismo tan cooperativo es un poderoso testigo para los miembros del Cuerpo de Cristo.
Hemos estructurado a propósito nuestra vida para dar testimonio de esta unidad, al mismo tiempo apoyamos y salvaguardamos los compromisos eclesiales individuales de nuestros hermanos.
Lo siguiente resume nuestro enfoque en esta área:
Creemos que Dios nos ha llamado juntos de muchas tradiciones cristianas e iglesias para ser testimonio vivo hoy del propósito de Dios para su pueblo de "unir todas las cosas en el cielo y en la tierra" en su Hijo (Ef. 1:10). Vivimos como hermanos unidos en un compromiso común y una forma de vida común que nos ayuda a apoyarnos unos a otros a vivir con celo y disciplina en Cristo, y al mismo tiempo a respetar aquellas diferencias entre nosotros que reflejan nuestros distintos antecedentes eclesiales y compromisos cristianos.
Creemos que tal testimonio de nuestra unidad en Cristo refleja la preocupación del Señor por su pueblo hoy. Los cristianos necesitan la fuerza que viene de la coperación de unos con otros para enfrentar los enormes desafíos que se nos presentan hoy, desafíos que por un lado son amenazas, tales como el creciente secularismo teológico que bombardea la fe en Cristo, y por otro lado oportunidades tales como la vasta tarea de difundir el evangeluio en todas las naciones. (Mat. 28:19).
Creemos que podemos discernir en este tiempo de la historia una gran e importante acción del Espíritu Santo para acercar al pueblo cristiano en reconocimiento mutuo de su filiación en Cristo, un reconocimiento que puede formar una fundación sólida sobre la cual trabajar las muchas cuestiones importantes que todavía dividen al pueblo cristiano. Creemos que nuestra vida como hermandad ecuménica es en parte una respuesta a esa acción del Espíritu Santo, y así deseamos tomar parte en el apoyo y fortalecimiento de la cooperación ecumenica responsable y madura.
Creemos que el Señor desea superar las divisions entre el pueblo cristiano, (Jn. 17:22-23), y también percibimos que muchas de las iglesias cristianas están buscando con entusiasmo la unidad de cada una. Por esto nos unimos unos con otros como hermanos tanto como una respuesta a la forma en que Dios ha actuado entre nosotros como en la creencia de que esto avanza la obra del Señor en la unidad y contribuye con la vida de las distintas iglesias y el pueblo cristiano como un todo. Lo hacemos humildemente, reconociendo que nuestros esfuerzos son sólo una pequeña parte de lo que Dios está haciendo en el mundo hoy. También lo hacemos deseando servir a la creciente convergencia del pueblo cristiano: una convergencia en enseñanza, amor mutuo, misión común y oración por la unidad del Cuerpo de Cristo. Deseamos ser fieles a nuestras iglesias y tradiciones en una forma que avance esta convergencia y que no necesariamente refuerce viejas divisiones. Creemos que hay un elemento profético en nuestro llamado, que apunta a la unidad que el Señor desea para todo su pueblo, pero reconocemos que tal llamado es un gran reto, y que al responder a él debemos confiar en la gracia del Señor y la ayuda de otros.