Solteros para el Señor

Hay muchas formas dignas de seguir al Señor, y la mayoría de los cristianos están llamados al servicio fiel en el matrimonio y la vida familiar. Al escoger no casarse, los hermanos en los Siervos de la Palabra están libres para dedicar tiempo, energía y compromiso que típicamente se inivierten en la vida de la familia a otros servicios y misiones tan terriblemente necesitados para difundir el Evangelio. Cristo mismo es nuestro principal ejemplo de uno cuyo llamado correspondió con la especial libertad posible en la vida de soltería y devoción. A esta vida la llamamos "vivir solteros  para el Señor". Hacemos esto viviendo una vida común, teniendo en común nuestros recursos, pero sobre todo, viviendo con un corazón indiviso por el Señor y su reino.

Luis Manuel BravoUna vida en común

El cuerpo de Cristo manifestado en Pentecostés fue muy claramente una comunidad de creyentes que compartían una vida en común. Se servían unos a otros, oraban y daban culto juntos, y, lo más importante de todo, promovieron la fe a para otros cristianos que vivían en un mundo hostil.

Los Siervos de la Palabra comparten su vida cotidiana en la misma forma. La oración es una prioridad, con periodos diarios para para la oración individual y comunitaria así como el estudio de las Escrituras. También nos reunimos para cantar los salmos tres veces al día. Tiempos especiales de retiro y oración son parte de nuestro horario semanal y anual.

Compartimos la comida de la mañana y la de la noche juntos y tomamos tiempo para otras actividades comunes, recreación y compañerismo, para fortalecer nuestra experiencia como una comunidad de hermanos.

Sencillez en las posesiones

Nuestro deseo es tener nuestros corazones indivisos en devoción al Señor y tener todos nuestros recursos disponibles para su obra. Nuestro enfoque a las posesiones materiales se guía por decisiones comunes para satisfacer las necesidades de cada individuo mientras se ponen todos los recursos disponibles para la misión específica y el trabajo de evangelización. El principio que nos guía es una buena administración de la gracia y los recursos que Dios nos da.